Como un trabajador de páramo que apuesta por la constancia sobre cualquier adversidad, Elder Márquez recorre cada semana los comercios de San Juan de Colón y los pasillos del Mercado Municipal de Ayacucho para distribuir su cosecha fresca de moras y fresas.
Su labor no conoce de descansos largos ni de climas esquivos; según relató con la sencillez de quien domina la tierra, su jornada y sus productos vienen desde las alturas de la Aldea Los Loros, específicamente en el sector La Cúspide, una zona netamente rural del municipio Michelena donde el frío moldea el sabor de la fruta.
Desde estas tierras altas, Márquez baja con regularidad para abastecer los puntos de venta locales, trayendo consigo el fruto recién recolectado de la montaña directamente a las manos del comerciante y, finalmente, al consumidor de Colón que busca calidad y origen.
Es el esfuerzo diario de quien entiende profundamente que el campo es el motor vital que mueve a la ciudad, una premisa que Elder cumple al pie de la letra para garantizar que la identidad agrícola del Táchira siga presente en cada mesa.
Esta crónica del trabajo rural, documentada por Lorena Chacón, nos recuerda la importancia de valorar el circuito corto de comercialización y el sacrificio de hombres que, como Márquez, mantienen viva la despensa de nuestra región con productos que conservan el aroma y el frescor del páramo tachirense.
