En el corazón del campo, entre surcos y verdor, se dibujan miradas de esperanza. Cada amanecer trae consigo la promesa de una nueva cosecha, fruto del esfuerzo constante que germina bajo el sol y la lluvia.
No es solo tierra; son los ojos de los agricultores que caminan diariamente entre sembradíos, siendo testigos directos de una naturaleza que renace en cada temporada.
Por Daniela González


